Nunca voy a comer al lugar ese especializado en comida chatarra, pero como todos saben, nunca hay que decir nunca.
Cargamos la beba en el auto con mi amiga y salimos. Para nuestra sorpresa, en la playa de estacionamiento no entraba ni siquiera un monopatín. Inclusive había autos cruzados invadiendo las sendas peatonales internas de la playa.
Lo lógico sería pensar que si había tantos autos era porque adentro seguramente no habría ni un banquito libre para sentarse a comer una milimétrica papa frita, pero curiosamente, cuando nos asomamos desde la ventanilla, divisamos varias mesas vacías. ¿Cómo es posible? Después de mucho vueltear sobre ruedas como aquella vez en ese lugar tan lejano, me topé con un auto que justo se iba. Estacionamos, entramos y pedimos un combo fuera de lo común: hamburguesas de pollo y explicaciones.
_ Es que acá estacionan los empleados municipales. A veces no piden nada y otras sólo un café, cruzan a la muni y dejan el auto acá hasta las 13 hs, me cuenta la cajera.
_ Y nosotros los clientes tenemos que lidiar con la avivada de los empleados a quienes nadie, evidentemente, les dice nada? Noooo señor, quiero el libro de quejas, por favor.
La escena me sirvió para comprender que además de la comida poco saludable, tengo una excusa más para no volver, ahora si nunca más, a ese lugar. También me sirvió para descargar mi bronca del momento en un libro de quejas que seguramente servirá de combustible al fuego que dará paso a un delicioso asado que preprará un grupito de empleados avivados. Todo esto me recuerda a las broncas que acumulé cuando era empleada municipal y era testigo de esa odiosa actitud intocable que irradian quienes trabajan en o para el gobierno. Por algo renuncié.
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jueves, junio 03, 2010
lunes, abril 19, 2010
Queja nro 1.548, apartado 707/bgrrr,
Inauguro esta nueva serie de vivencias basadas en la faceta de vieja quejosa que tengo y que aflora casi a diario al borde de mi puerta, en la calle y en mi casa Lo considero una vía de escape, una especie de descarga terapéutica. Espero no contagiarlos.
¿Pero será posible? Si no fuera porque estoy estrenando un look bloguero más femenino y pomposo, estaría maldiciendo en varios idiomas al mismo tiempo. Ya van dos veces, bah, en realidad tres, que casi me atropellan con una bicicleta en la vereda. Mucho se habla del caos del tránsito, insinuando que se trata únicamente de los autos, colectivos y demás vehículos motorizados, pero la realidad es que nuestras veredas también son de lo más caóticas. El gran susto que viví doblando una esquina cuando aun portaba panza de embarazada me dejó una sensación de alerta total. Y creo que justamente gracias a ese recuerdo que aun me eriza la piel de precauciones, no me han llevado por delante dos ciclistas diferentes en dos oportunidades diferentes. ¿Cuándo multarán a los ciclistas por andar por la vereda? ¿Acaso no es obvio que la vereda es para los peatones? Doblan las esquinas a la velocidad que vienen o creen esquivarte cuando vas caminando y es muy obvio que a veces logran hacerlo de pura casualidad. Además me revienta soberanamente que ni siquiera he recibido pedidos de disculpa en ninguno de los tres casos. Pero ese tema lo dejo para la próxima queja. Mi deseo es que se reconstruyan las veredas, se arreglen las bajadas para discapacitados, que las bicicletas vayan a la calle, que los automovilistas, colectiveros y motoqueros respeten su espacio y que las bicisendas se reproduzcan y crezcan desde el conourbano hasta el mismísimo microcentro. ¡Que vuelvan las canastitas y los rings rings en los manubrios y que los oficinistas porten casco y mochila en lugar de maletín y corbata! Eso si, nada de andar en la vereda, por favor.
¿Pero será posible? Si no fuera porque estoy estrenando un look bloguero más femenino y pomposo, estaría maldiciendo en varios idiomas al mismo tiempo. Ya van dos veces, bah, en realidad tres, que casi me atropellan con una bicicleta en la vereda. Mucho se habla del caos del tránsito, insinuando que se trata únicamente de los autos, colectivos y demás vehículos motorizados, pero la realidad es que nuestras veredas también son de lo más caóticas. El gran susto que viví doblando una esquina cuando aun portaba panza de embarazada me dejó una sensación de alerta total. Y creo que justamente gracias a ese recuerdo que aun me eriza la piel de precauciones, no me han llevado por delante dos ciclistas diferentes en dos oportunidades diferentes. ¿Cuándo multarán a los ciclistas por andar por la vereda? ¿Acaso no es obvio que la vereda es para los peatones? Doblan las esquinas a la velocidad que vienen o creen esquivarte cuando vas caminando y es muy obvio que a veces logran hacerlo de pura casualidad. Además me revienta soberanamente que ni siquiera he recibido pedidos de disculpa en ninguno de los tres casos. Pero ese tema lo dejo para la próxima queja. Mi deseo es que se reconstruyan las veredas, se arreglen las bajadas para discapacitados, que las bicicletas vayan a la calle, que los automovilistas, colectiveros y motoqueros respeten su espacio y que las bicisendas se reproduzcan y crezcan desde el conourbano hasta el mismísimo microcentro. ¡Que vuelvan las canastitas y los rings rings en los manubrios y que los oficinistas porten casco y mochila en lugar de maletín y corbata! Eso si, nada de andar en la vereda, por favor.

Acá se puede ver bien la bicisenda entre la calle y la vereda.
¡ Construyamos una sociedad más segura, sana y ordenada!Las fotos son de This is cycle chic .
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