miércoles, marzo 12, 2008

Combatiendo la imprudencia ajena


Este es un breve relato que destaca la negligencia que rodea todos los rincones de la naturaleza, sin excepción.

Todos sabemos que el clima patagónico ha sabido representar fielmente lo que simboliza una verdadera temporada de verano. Mis hermanos han tenido la suerte de gozar esta época de altas temperaturas y de cielos despejados en San Martín de los Andes.


Durante uno de sus tantos días de pesca en las costas del lago Lácar, más precisamente en una playa desconocida para el turismo, de esas a las que se llega únicamente en bote u osadamente en vehículo y por referencia, Misha y Boris tuvieron que enfrentarse a lo impensado.
Luego del almuerzo decidieron salir a caminar. Dejaron sus equipos junto al bote y comenzaron a bordear la playa. Ambos vestían traje de baño pero Boris además tenía puesto su sombrero. El nivel del lago era más bien bajo. La playa de piedras hirvientes tenía los rastros de las antiguas olas y se podían observar las líneas de palos, troncos y ramitas perfectamente delimitadas por los diferentes niveles por los que había desfilado el Lácar.


De repente, divisaron fuego en uno de esos trazos. Hay que aclarar que con el calor que hizo este verano, las ramas estaban más secas que de costumbre demostrando ser el combustible ideal para las llamas. Así fue como las intenciones de un paseo ameno se estrellaron en la desesperación. Mis hermanos corrieron hasta el lugar y observaron como el principio de incendio iba expandiéndose como una línea perfecta de pólvora que alcanzaba simultáneamente el ramaje circundante. Se dieron cuenta rápidamente que provenía de un fogón mal apagado, donde se veían claros restos de carbón. No tuvieron tiempo de pensar demasiado. Podrían haber vuelto con sus cosas, navegar hasta un lugar que alcance la señal de celular y llamar a los bomberos o a Parques Nacionales, pero decidieron que la ayuda tardaría horas en llegar a un lugar tan inaccesible. Entonces Misha, recordó haber visto una botella tirada mientras caminaba hacia allí. Fue corriendo, la agarró y comenzó con la ardua tarea de llenar la botella con agua del lago y tirarla sobre la línea de fuego en expansión mientras Boris hacía exactamente lo mismo pero haciendo uso de su histórico sombrero. Pensaron en taparlo, pero las piedras estaban muy calientes y yacían entremezcladas con muchos restos de árboles que seguramente avivarían aun más las llamas. Trabajaron arduamente y en soledad sin pensar que podrían apagarlo porque el agua no alcanzaba y la consternación crecía, hasta que al cabo de un tiempo lograron extinguir el incendio. No podían creer lo que había pasado. Con una mezcla de agotamiento, bronca y alivio, se aseguraron de haber liquidado todos los rastros de quema. Finalmente llegaron a la conclusión de que gracias a la botella y al sombrero, pudieron dar por acabado el siniestro, ya que ambos contribuyeron siendo excelentes receptáculos. Que esto sirva como ejemplo para quienes organizan asaditos en los hermosos lugares de nuestra Patagonia y se van irresponsablemente y a los apurones…


La imprudencia tuvo final feliz esta sola vez y en este preciso lugar, donde no hay guarda parques ni espacios delimitados para hacer fogones.
Y existe un ingrediente más, por cierto, algo que agrego por capricho o por pura e inevitable subjetividad. De todos los lugares donde pudieron haber ido, mis hermanos decidieron ir justamente allí. Optaron por salir a caminar para ese lado y a esa hora, oyendo, tal vez inconscientemente, los gritos invisibles de la naturaleza. No caben dudas de que estuvieron en el lugar y momento indicados defendiendo lo que aman como dos héroes anónimos a pesar de sus miedos y sin recibir reconocimiento alguno, salvo estas palabras de hermana orgullosa, que están escondidas en la maleza del ciberespacio, sintiendo el mismo agradecimiento, acaso, que debieron sentir esos bosques nativos mientras atestiguaban aterrados su propia salvación.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Bien lo dijiste Kira: Héroes Anónimos. Si cada uno hiciera sólo un poco por lo que nos rodea, cuánto mejor estaríamos, no? Un aplauso para ellos. Polet

F. Fabian dijo...

lo lei en el digital.Lo publicaron hoy

Euphoria dijo...

¡Bienvenida Penélope Glamour al blog!
Espero que tu visita sea habitual.
Fabián: si, estuve chusmeando el bariloche2000. ¡Gracias!

Anónimo dijo...

Faltó agregar el factor viento, q contribuia muhco al desafio
Tratabamos de salvarla, y al mismo tiempo ella aumentaba el viento, que es lo que asustaba.....parecía a propósito, como probándonos.....

Esa experiencia salió bien, gracias al que tiró la botella.........a quien apodaremos de ahora en mas como San Sucio Salvador (alias S.S.S.)
Misha.

F. Fabian dijo...

Hace unos años, durante el reinado de Maria Julia de Menem y antes tambien, Bariloche fue asolada por unos incendios impresionantes que se llevaron varias casas de Cerro catedral, bosques, recuerdos y colores. Por aquellos años cubrimos todo para nuestro propio programa de tele y tambien, un poco de colados, para canal 9. Ver un incendio de tan cerca es horroroso, los arboles gritan, crujen y uno apenas puede hacer algo ante tanta destruccion.
Actitudes como las de tus hermanos ojala sean tenidas en cuenta siempre. Y mantener esa actitud alerta de proteccion para que nada de eso se repita.
Un saludo para ambos.

F. Fabian dijo...

Kira: que bello nombre

Euphoria dijo...

¡Gracias F.F! :0)

Jesús dijo...

También lo leí en el Digital.
Me dió bronca..., porque después siempre los culpables de estas cosas son los demás, y se lo reprochamos a las "autoridades" sin siquiera pensar un segundo en lo que cada uno hace.

Euphoria dijo...

Estoy de acuerdo Jesús. Ni hablar de los incendios intencionales. Las autoridades deberían estar preparadas para combatirlos, pero falta tanta educación, cuidado y respeto por el entorno...
Por estos pagos los adultos se encargan de darles ejemplos decadentes a los más chicos sin siquiera pensar en lo que hacen.